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Llamamiento a la fraternidad ante las declaraciones del presidente en el Foro Económico de Davos

Llamamiento a la fraternidad ante las declaraciones del presidente en el Foro Económico de Davos

 

En su discurso el presidente de la Nación Javier Milei sostuvo: “la paz nos hizo débiles, fuimos derrotados por nuestra propia complacencia”. Esto lo decía en relación al avance de lo que él denomina “el wokismo” donde incorpora al feminismo, las diversidades sexuales, las y los migrantes y el “siniestro ecologismo radical”.

Como actores y actrices de la política y como ciudadanos y ciudadanas de Argentina, atendiendo a los valores que nos caracterizan, queremos llamar a la reflexión sobre esta posición taxativa y fuertemente discriminatoria.

Chiara Lubich, fundadora de nuestro Movimiento de Políticos por la Unidad nos ha instado a concebir a la fraternidad universal como paradigma global, como un principio que rige las relaciones en pos de superar los conflictos, como una senda a seguir en la construcción de una comunidad humana más justa.

Este principio de fraternidad universal cobra una relevancia innovadora en la actualidad con la propuesta del papa Francisco de “concebir al planeta como patria y a la humanidad como pueblo”.

Desde esta concepción de la fraternidad, que no niega el conflicto, sino que se transforma en método, camino y guía, afirmamos que la paz no nos hace débiles. La paz y la justicia se entrelazan en las construcciones colectivas que son capaces de transformar la realidad. Como sostuvo el Papa Pablo VI: “Si quieres la paz trabaja por la justicia”.

La fraternidad está marcando el horizonte para que busquemos la paz y la justicia en el respeto irrestricto de la dignidad humana. Así lo expresan los tratados, convenciones, agendas de desarrollo y leyes que promueven y protegen los derechos humanos.

La fraternidad ya está presente en cada iniciativa comunitaria que respeta la diversidad y la pluralidad de ideas en el marco de la democracia que debemos defender y fortalecer. La fraternidad nos recuerda que las construcciones colectivas son siempre más complejas, pero que, si logran convivir en el disenso y generar pequeños consensos, pueden transformar las vidas de los pueblos.

La fraternidad nos recuerda que los estereotipos no ayudan a reconocer la diversidad, sino que muchas veces derivan en la estigmatización de las y los otros. La fraternidad nos recuerda que la verdad se revela en comunidad y nadie puede arrogarse su posesión. La interpretación de la realidad siempre será limitada y por ello se requiere de un diálogo abierto con quienes piensan y sienten diferente.

Sin el respeto por la diversidad, sin una comprensión certera de la situación de las y los migrantes, sin una conciencia clara del daño que le estamos infringiendo a nuestra casa común, será difícil que la libertad y la igualdad se estrechen la mano.

La fraternidad no es sólo un punto de llegada (un fin ético a alcanzar), ni sólo un punto de partida (el lugar del conflicto entre los hermanos). La fraternidad es camino y proceso para fortalecer nuestra convivencia social y política. Ese es nuestro llamamiento.